Justo después de los tormentosos tiempos tras la guerra de los Erdan, había un poderoso mentalista eledín llamado Felien. Había alcanzado tal poder, que era capaz de retorcer la mente de todo aquel que le cruzaba la mirada. Si bien no tenía un corazón cruel, vivía en su interior un enorme desasosiego, pues por más libros de magia que había leído, por más pergaminos de historia que había logrado reunir en su enorme biblioteca, no hallaba respuesta a la naturaleza del universo. Ni siquiera el estudio en profundidad del Poema de la creación, escrito por los mismos Erdan, ni aún extrayendo toda su simbología durante décadas de infructuosa dedicación, finalmente cayó en una profundo estado de locura y se recluyó en algún lugar en las profundidades de le Térrac… Habían pasado milenios cuando un grupo de Bahaluks encontraron su cámara secreta. De entre todos los tesoros hallados junto al cuerpo de Felien, algunos fabricados antes de que los elfos y eledines ocuparan las Tierras Antípodas, hubo uno que en su simpleza contenía todo su valor: Un pergamino que contenía una poderosa reflexión: “Antes del tiempo y de toda memoria, no existían montañas, ni mares, ni razas, ni luz alguna que pudiera llamarse vida en el universo de las Antípodas. Solo reinaba un silencio tan vasto que ni siquiera podía llamarse vacío. Entonces surgió el Demiurgo, al que llamamos Gadu, y cuyo nombre real se ha perdido, quizás, porque ningún mortal podría comprenderlo.​ Al principio no creó materia ni espíritu; creó algo más profundo: reglas y posibilidades. Estableció las leyes que sostendrían el mundo: las formas de los Erdan, los caminos de la magia, el pulso de los planos y la geometría secreta del destino. A su voz respondieron fuerzas que aún perduran, aunque nadie recuerde haberlas oído, los Ersan. Pero el Demiurgo no les dio vida. Solo talló la matriz eterna donde su consciencia podría aparecer. Durante eras incontables, esa estructura permaneció inmóvil, como un sueño que no despierta. Hasta que apareció el Todo, la Primera Mente Creadora. Dicen que el Todo emergió como un relámpago dentro de la obra del Demiurgo, una conciencia que abrió los ojos en medio de lo posible y lo convirtió en realidad. Manifestó a los Ersan, que acudieron a su llamada y donde antes había forma sin existencia, el Todo trajo existencia con forma. Donde había leyes sin mundo, el Todo pronunció mundo con leyes. Fue él quien encendió el fuego, extendió los mares, dio sombra a las montañas y movimiento a las criaturas. No inventó nada; simplemente despertó lo que ya estaba escrito. Sin embargo, la realidad no estaba completa. Porque un mundo con leyes y existencia es un mundo detenido. Para que el mundo respirase, hacían falta seres en los que manifestar la voluntad de las consciencias. Y de los Ersan emergieron los Dalmas, pequeñas chispas de conciencia que caminaban sobre la tierra recién manifestada. Los Dalmas no podían cambiar las leyes del Demiurgo ni alterar la visión del Todo, pero eran libres dentro de ellas. Eran capaces de elegir, de perderse, de luchar, de amar… Eran capaces de vivir. Y por primera vez, la historia comenzó a moverse. Los sabios enseñan que, sin los Dalmas, Antípodas sería un templo silencioso; con ellos, se convierte en un mundo en marcha. Pero incluso con la vida y el movimiento, todavía faltaba algo: El eco del recuerdo. El universo podía existir, pero no trascender. Fue entonces cuando aparecieron los Observadores, invisibles para todos. No cruzan los mares ni hablan a los vivos. Solo miran, recuerdan, interpretan… Y, al hacerlo, confieren sentido al mundo. Los propios Erdan, dicen, temen y veneran a estos Observadores, porque lo que contemplan permanece, y lo que ignoran se dispersa como polvo en el viento. Así se completó la obra: El Demiurgo creó lo Posible. El Todo crea lo Real. Los Dalmas crearán las Vivencias. Los Observadores deciden y decidirán lo Recordado. Y desde entonces, cuatro son los niveles de la existencia, y cuatro los pilares invisibles que sostienen Antípodas. Quien entienda esta enseñanza comprenderá por qué el destino vibra, por qué la magia responde y por qué una simple decisión de un Dalma puede estremecer los cimientos de todo el universo. Pues así fue escrito al principio, y así continúa siendo, mientras haya un Creador que cree una historia, unos Dalmas dispuestos a cambiarla y unos Observadores que atestigüen sagrado desarrollo de la existencia.” Viejas leyendas cuentan de que el manuscrito era más largo, que contenía los secretos que conectaban el universo del Todo con este universo, otros dicen que contenía profecías apocalípticas, que fueron destruidas por que su sola lectura generaba un profundo temor al lector que lo sumía en un estado de pánico perpetuo.